



Nena, Samuel, Yaya y Sacha son algunos de los abueletes de la prote. Nena y Samuel, con doce y trece años respectivamente, llegaron siendo unos cachorritos, sólo han conocido el albergue, nunca han vivido en una casa. Yaya, no sabemos bien su edad, pero creo que es la más abuelita de todas. Llegó de ninguna parte, quizás sí ha tenido alguna vez una familia, pero cuando se hizo mayor, ala, a la calle y te apañas tú solita!! Brrrr!!!
Y Sacha, mi niña guapa, no le quedan casi dientes, pero eso no impide que sonría siempre, ¡¡es de simpática!! Y muy graciosa, siempre está alegre.
Los cuatro son más buenos que las galletas, cariñosos, educados, tranquilos, y yo quiero que pasen el resto de los años que les quedan rodeados de mucho amor, calentitos, felices. Se merecen todo lo mejor. A mí me encantaba sentarme con ellos y escucharles, son tan sabios los viejetes!! Claro, con tantos años de vida, se ven las cosas con otra perspectiva....Samuel un día me lloró, me confesó que no tiene miedo a la muerte, pero tiene terror a morir solo. No Samuel, eso no pasará, le decía yo, ya lo verás, lo último que verás antes de dar el último suspiro, serán los ojos llorosos de un amo que te adora. Él me abrazó, y nos quedamos callados hasta que se le pasó el llanto.
Y Sacha, mi niña guapa, no le quedan casi dientes, pero eso no impide que sonría siempre, ¡¡es de simpática!! Y muy graciosa, siempre está alegre.
Los cuatro son más buenos que las galletas, cariñosos, educados, tranquilos, y yo quiero que pasen el resto de los años que les quedan rodeados de mucho amor, calentitos, felices. Se merecen todo lo mejor. A mí me encantaba sentarme con ellos y escucharles, son tan sabios los viejetes!! Claro, con tantos años de vida, se ven las cosas con otra perspectiva....Samuel un día me lloró, me confesó que no tiene miedo a la muerte, pero tiene terror a morir solo. No Samuel, eso no pasará, le decía yo, ya lo verás, lo último que verás antes de dar el último suspiro, serán los ojos llorosos de un amo que te adora. Él me abrazó, y nos quedamos callados hasta que se le pasó el llanto.